lunes, 18 de mayo de 2015

Orión y Cassiopeia.


Es eso, que todo el tiempo quiero permanecer inmóvil, como un cuerpo inerte, sacándome lágrimas mientras pienso. Ya no sé si lo mejor es quedarme a la deriva o, aferrarme a algo que podría sólo tener a ratos para sentirme viva. Ahora no sé si lo mejor sea dejar que mis lágrimas griten tu ausencia o el silencio la guarde conmigo, salir corriendo un lunes por la tarde a verte o no arriesgar nada y extrañarte cada vez más; se trata de escoger y sabes cuánto me cuesta eso, sabiendo que cualquiera sea la rosa que agarre se clavarán sus espinas en mis manos antes de que pueda soltarla, se clavarán en mí y en manos de terceros. Me duele herir más que estar herida.

Me cuesta verte y dejar de hacerlo, tomar tus manos para soltarlas, mirar tus ojos y no tener el tiempo suficiente para perderme en ellos. Me cuesta saber que podría tenerte pero sólo por minutos.

No me gusta elegir pero ya lo he hecho. Te escogí a ti, verte, abrazarte, mimarte, escogí tenerte a ratos hasta que pueda tenerte por días completos, hasta que las espinas no lastimen a terceros, hasta que pueda conocer otro universo sólo mirándote a los ojos. Era sí o no, y le he dicho sí a la felicidad melancólica, a las sonrisas por ratos, al centelleo de nuestros ojos por instantes, le he dicho que sí a mi felicidad contigo, mis pequeñas grandes estrellas.

Ocho pares de ojos son suficientes para ver y sentir toda la felicidad que necesito.

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