domingo, 30 de noviembre de 2014

Agua.


Te escribo hoy porque quiero hacerlo, pocas veces -después de alejarnos lo he intentado, y cuando lo intento termino mezclando muchas emociones que no tienen tanto que ver contigo. Pero hoy te he visto e inesperadamente o esperándolo quise salir corriendo detrás tuyo porque llegaste a ser agua en mi vida y después de tanto tiempo sin ti mi grado de deshidratación es muy alto. Lo sé, es una metáfora vacía, pues después de tanto tiempo debiese estar muerta pero, es una metáfora. Claro que no salí, pero sí fui a la puerta y la abrí para verte, de espalda a mí, como te he sentido últimamente. Tu paso era tan apresurado que casi corrías, podías tropezar y caer bajando aquella calle, pero no me quedé allí afuera para verlo, en cambio, cerré la puerta, lloré en silencio, abracé tu ausencia y confirmé que todavía te sigo amando. Amargo el sentimiento, dolor, amor, lágrimas sin sonrisas. Entonces recordé aquel día, sentados, comiendo helado en nuestro lugar más frecuentado para ese momento, el sólo creer la mentira de que debías alejarte de mí te hizo buscar cinco servilletas para secar las lágrimas que no dejaban de salir de mis ojos. Era yo una naciente, triste. Resultó que aquella mentira tenía poco de mentira y mucho de verdad, debías alejarte y lo hiciste, todavía no lo acepto, no acepto que de todo a nada se pueda ir tan rápido. Porque yo sigo aquí, sentada, esperando que me traigas otra servilleta.

2 comentarios: