Podría haber despertado feliz o con ganas de dormir como acostumbra mi cuerpo siempre, pero no. Desperté sin ganas de algo ese día, sin ganas de sonreír, o de sentir que mis ojos brillaban por cualquier cosa tonta o por el amor de mi vida (temporal o eterno). Desperté con ganas de volver a acostarme, con ganas de que me dijeran "vuelve a la cama, este día ha sido cancelado" como cualquier foto que vemos en una red social, esas fotos en la que las personas escriben algo que quieren que suceda pero nunca ha sucedido y tal vez nunca llegue a suceder.
El día empezó mal. No es que hubiese puesto el pie izquierdo primero que el derecho, total, el orden no afecta el producto (eso dicen). Desperté sin gana alguna de disfrutar el día y eso es suficiente para que lo que resta de día fluya de mala manera.
Si piensas mucho algo tal vez suceda. Las cosas malas suceden primero que las buenas, eso parece. Parece que mi ánimo me hizo una mala jugada, que mi rostro volvió mi día sombrío.
Dicen que debes ir por allí con una sonrisa en el rostro, que tal vez alguien encuentre al amor de su vida mirando tu rostro, mirando tu sonrisa. Bueno, yo hoy decidí no prestarle atención a ese dicho. No es que todos los dichos sean ciertos, y de hecho, no necesito que alguien se enamore de mi sonrisa, necesito una sonrisa de vuelta, alguien que me haga sonreír hoy. Necesito que alguien hoy al despertarse le haga caso a ese dicho y me brinde su mejor sonrisa, necesito que llegue mi persona especial a decirme que la vida es bella y que lo malo sucede siempre, pero que no estoy sola y me debe valer verga mi ánimo en la mañana porque ahora tendría un nuevo ánimo gracias a su sonrisa.
Mi vida no es una novela de esas en las que la protagonista el día que se despierta sin ganas de vivir recibe la sonrisa más bella, conoce al amor de su vida o el amor de su vida llega y le habla para hacerla reír, para recordarle que de una u otra forma ella vive para ser feliz, para que él y otras personas la hagan feliz, para que ella así pueda hacer feliz al mundo. En cambio, mi vida es de esas novelas raras que atrapan al lector, que son tan diferentes a las demás novelas pero tan parecidas a la vida real. Mi vida es real, con días buenos o días malos y sombríos como hoy.
Si pudiese alguien ponerse en mi calzado y así lograr entenderme, mi día no fuese tan sombrío. Si tan sólo mi persona especial hubiese aparecido hoy diciéndome "te amo", mi día no hubiese sido para nada sombrío. Es que mi ánimo en la mañana no creo que dependa de él, pero si depende de las sonrisas que me sacan o lo que pienso durante el día. Un "Hola, te amo" me hubiese hecho sonreír, hubiese cambiado mi manera de pensar hoy, hubiese cambiado finalmente mi ánimo. El día hubiese sido soleado y encantador.
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